VIVIR CON MIEDO

…….entiendo que el ser humano vive atrapado por el miedo: miedo a lo que pensarán de uno, miedo a equivocarse, miedo a que le retiren a uno un afecto, miedo al olvido y al abandono, miedo a que las cosas se salgan de lo que tenemos trazado, miedo, miedo y miedo….; a esto ,a aquello y a lo de más allá; a las cosas menudas y miedo a otras más paralizantes; a la postre…., éste, el miedo, nos acompaña obsesivamente muchísimos de los instantes que conforman nuestras vidas. 

es nuestra sombra insidiosa y restadora de espontaneidades. 

Hemos acabado por aceptar el miedo menudo y llenamos las consultas facultativas de los miedos más bloqueantes; nos hemos conformado el primero ya que, de algún modo, nos permite acudir al trabajo, a los estudios, movernos en la vida social y familiar con cierta “normalidad”, sin que nos tenga postrados en la habitación oscura de las obsesiones o de la depresión. 

Toleramos el miedo menudo y uno no sabe porqué. Porque el menudo, si bien no nos paraliza, si nos resta frescura y felicidad en nuestras vidas; miedo a toparme con éste ó aquel, miedo a que el jefe me llame a su despacho, a no cobrar una factura, a perder la cartera, a dejarnos los grifos abiertos, a lo que me diga el doctor después de unos análisis, miedo a quedarme sin empleo mañana, miedo a la araña pacifica, miedos a no ser querido, a estar solo, a que no me valoren, a ser diferente a los demás… 

Y eso, deja de ser vida, tornándose una supervivencia basada en todo tipo de recursos compensatorios para capear las situaciones: potenciando la esperanza, parloteando con uno u con otro tratando de exorcizar esa preocupación, recurriendo a los astros, a los amuletos del S. XXI ( las gemas y los cuarzos en los bolsillos, los libros de autoayuda, las valerianas y los goteros de la Flores de Bach ó las que fueren, al gurú intelectual de moda que nos dice como ser libres, a todo tipo de ejercicios de relajación….. ); en resumen a toda suerte de sortilegios para tratar de neutralizar nuestro pobre vivir. 

Y , claro, uno se puede distraer con todo eso durante un tiempo, pero eso vuelve de nuevo; quizás cambiando el objeto al que tener miedo, pero sigue el miedo…

los hay, ya derrotados, que escribe y divulgan como fuere  que el miedo es necesario para evolucionar; y éstos, que de todo hacen un pensamiento y quizás un libro, desde la limitación que provoca una mente que alberga miedos, da por bueno este vivir con tan grave condicionante como es el miedo. 

Y el ansia………, la persona ansiosa y angustiada, el depresivo, el ávido de esto u aquello….., el compulsivo y el obsesivo, el violento y el sumiso, el conformado y el guerrero que da palos de ciego, no ven que el motor de sus estados es, comúnmente en todos, la misma cosa: el Miedo. 

Y entonces, de todo ello, surge el gran mecanismo de defensa que, entre todos hemos creado y sostenido: el deseo y la consecución inmediata del placer. 

Ya entregados a un vivir infeliz, buscamos pequeños momentos de olvido y de satisfacción.

Desde ahí buscamos el placer, lo más inmediato e intenso posible: en el sexo, en la comida con la glotonería que conlleva el comer desde la compensación de otras insuficiencias, el actuar para ser reconocido por los demás, en todo tipo de ensueños imaginativos, en el unirnos a un grupo, de la índole que fuere, para sentirnos protegidos, en los encuentros en salas donde se propicia la risa como terapias de lo inmediato ( pobre de nosotros que hasta la risa la hemos programado en un tiempo y en un espacio, condicionada a una volición y prescrita ya en enlatado !! ), a toda suerte de hedonismos y lucimientos, etc. 

Como el diagnosticado severo, el maniaco-depresivo, vamos alternando a ciertos y sostenidos niveles, la euforia con la depresión, el placer con el sufrimiento… 

Y así andamos….., con las mentes privadas de su debida lucidez y frescura porque el  miedo nos tiene cogidos y a eso, bien condicionados desde ya niños, nos hemos contentado. 

Detrás de la búsqueda de un placer está el miedo a no conseguirlo ó a perderlo si ya lo tuvimos; detrás de todo eso está la manera como nos relacionamos y movemos: convirtiéndonos los unos para con los otros en auténticos objetos del placer; cosa que , obviamente, nos niega la posibilidad de conocer otro tipo de relacionarse: el Amor, quizás… 

El  miedo mata el sentimiento puro del afecto; no es posible amar y tener miedo; ya que, con miedos, nos dirigimos al otro con necesidades, con cierta astucia para no ser rechazado, con actitudes para ser querido por el otro, con toda suerte de complicidades que no me priven de lo que más deseo: ser amado. 

Y si uno tiene ese ansia y  el consiguiente miedo a perder eso, ya se perdió su posibilidad de un afecto puro y desinteresado. 

Y así nos movemos y así nos va…..; las cabezas atestadas de datos y de recursos ensayados, pero con el corazón herido y atrapados en nuestra propia ignorancia…… 

Jesús Suso.

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